esta tarde he estado en la piscina con mis hijos...
como cada lunes, maría, que tiene 2 años, me "suplica" que no quiere ni ver el agua, y así nos pasamos 45 minutos de lloros, mocos, sofocos y gritos...
la verdad es que no se a quien le cuesta más si a ella el soportar el tiempo en el agua con su disgusto o a mi ver como le supone un esfuerzo enorme y un disgusto descomunal...
a veces en la educación de los hijos es tan fácil terminar con un: -bueno cariño, lo dejamos y nos vamos a casa-
mi hijo juan, de 4 años, empezó un poco mas tarde que maría en la piscina, pero tambien con lloros y similares y ahora, después de un año está encantado y disfruta mucho en el agua...
en fin, creo que esta tarea continua de acompañar a los hijos en su crecimiento está llena de ternura y tenacidad al mismo tiempo...
seguimos caminando...